Escritura de la conciencia y para la libertad

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«Contestaciones» de Rafael Cadenas fue editado por Fundación para la Cultura Urbana. Las palabras a continuación fueron leídas en la presentación el día miércoles 9 de noviembre de 2016, en la librería El Buscón

Entre Rafael Cadenas y su novedosa y reciente publicación, Contestaciones (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2016), encuentro una relación de identidad casi literal entre la, digamos, personalidad de ambos.

Cadenas es apacible e íntegro, amistoso y honrado; silencioso y en ocasiones detonante, sereno, pero con “fuego bajo las aguas”, es decir, apasionado; poeta que, por tanto, necesita el cultivo de la soledad y nunca de la solitariedad, de allí que se asome y arroje a la polis, bien sea el mundo, la nación, el prójimo, es un solitario que no puede existir sin compañía; es tan lacónico como cercano y certero; y su humildad sencilla le lleva a admirarse de todos los reconocimientos que recibe. Y así, justamente, es Contestaciones, esos son sus rasgos esenciales de “personalidad” (todos los libros cuentan con una), y asimismo son las huellas, los rastros que deja en nosotros su lectura.

Además, este libro reivindica la lectura como un acto tan personal e intransferible que casi la convierte en su escritura. En efecto, en este caso no se trata de leer solo hacerlo como ocurre con las escrituras oficiales, del poder (como en China, cuando alfabetizaban para que todos leyeran y metabolizaran sin más el Libro Rojo de Mao); ni de posar los ojos exclusivamente en la escritura que te permite el Estado (como se insiste aun hoy en Cuba). Leer, teniendo a Contestaciones en la mano, deviene en un acto profundamente libertario, casi diría que fundante de la esencialidad del vivir forjándonos nuestra autonomía personal, sin sujeciones a los instructivos del poder estatal, teológico, ideológico o arbitrariamente autoritario.

Cadenas afirmó en un acto celebratorio de la Escuela de Letras de la Universidad Central, que “esta casa no tiene amo: nos toca defenderla”. Esa propuesta alcanza y se despliega en sus Contestaciones como territorio libre donde la gesta más alta, tanto del escritor como del lector, es la de defender la palabra, que esta diga con libertad, con hondura, con pulcra sensibilidad lo que cada ser humano quiere decir y lo haga desde el fondo inalienable de sí mismo.

De allí que presentar un libro, este libro, resulte ser mucho más que hablar sobre él. Es decir y decirnos aquí está, lo tienes a mano, tócalo, “quien lo toca, toca a un semejante” que puedes ser tú mismo, tu propia interioridad que de pronto “se ilumina de inmenso” (como le gustaba decir a Ungaretti). Presentar un libro como este es casi una súplica, la de que no dejemos de leer pero que lo hagamos con la firme intención de ser más libres, de impedir que “piensen por nosotros”.

Contestaciones cumple de modo perfecto con esta regla de oro: leer para ser más humanamente libres. Pero hay más: significa al mismo tiempo una importante innovación en la literatura venezolana (no hay en ella nada parecido a este libro) y una renovación en la ya prolongada e intensa obra de Rafael Cadenas. Una renovación, sí, no una metamorfosis.

Un largo camino recorrido

Este libro se viene haciendo desde hace muchos años, pues el tipo de escritura que lo sustenta y levanta, así como la reflexividad irredenta, auscultadora y filosa que lo alimenta, podemos descubrirla en múltiples momentos de su obra poética, hasta su eclosión reciente y explícita en Dichos (2010) y Sobre abierto (2012).

El camino que lo trajo hasta los muelles de estas Contestaciones adquirió sus primeras alforjas en Realidad y literatura (1979) y En torno al lenguaje (1985), con las meditaciones de Cadenas alrededor de una escritura que fuese real, tanto por su vínculo con la realidad como por su acercarse a lo trascendente (solo posible o probable desde el afincamiento en la realidad). Y me parece claro que realizó sus primeros adiestramientos concretos en este ámbito con sus Conversaciones con Walt Whitman (1994), donde el gran poeta del norte es revisado y traducido en una multitud de textos que Rafael Cadenas revierte en escritura directa, explícita, nunca extensa, casi somera en ocasiones, siempre original y personalísima.

De esta manera, acompañado, que no subordinado, por la mano de Whitman, nuestro poeta realiza una suerte de descubrimiento retrospectivo en el interior de su propia obra, se descubre siendo otro y el mismo (diría Borges) en el interior de la escritura que había llevado a cabo hasta entonces. De esta manera, Contestaciones significa una evolución profunda sin necesidad de modificar la obra hecha, sino, por el contrario, aprovechándola en lo que debe permanecer y en lo que debe ser despedido. Para decirlo al modo zen: este libro cambia los surcos de la obra del poeta para asegurarse de que siga siendo leal a sí misma.

¿Qué descubre el poeta en su obra hecha a partir de sus reflexiones posteriores?

Descubre la lucidez propia del aforismo; la contundencia incontestable de la brevedad; la necesidad de que la escritura se interne en el centro y a lo hondo, no en la periferia y lo superfluo, vía lograda mediante el ejercicio patente del yo (ego), contra el que no se cansa de batallar para acceder a un despojamiento que no es su anulación sino su completitud en el nosotros y en el otro, para, así, mejor pulir sus armas del reflexionar y del decir, solo posible si el apartamiento de lo baladí es completo y sin compasión.

Y va más allá. Contestaciones permite nuevos impulsos: puede elegir interlocutor y asunto para que ese contestar no abandone jamás el poder libertario y enriquecedor, en ideas y palabras, del contestatarismo, propósito que obtiene fundando un tipo de literatura que me atrevo a denominar de la co-textualidad, no de la intertextualidad.

Veamos. Mientras la intertextualidad, tan de moda hoy, se reduce a introducir textos ajenos en los propios, a aprovecharse de ellos, la co-textualidad de Cadenas se arriesga al desafío de tomar un texto del otro sin ocultarlo o mimetizarlo, dándole toda la relevancia necesaria, para avivar la confrontación con otro, el suyo y propio, que viene, según el caso, a negarlo, ampliarlo, reafirmarlo, potenciarlo, ironizarlo. Esta peculiaridad emite una escritura de lenguaje apenas murmurado pero cuya potencia subraya al yo, salvando limpiamente la vanidad de la autorreferencia (maquillaje impropio en cualquier escritura).

Centrados en otra perspectiva, Contestaciones no es un libro de denuncia sino de revelación; no es de complacencias sino de tensiones; no es para atizar el conflicto sino para abatir los tabúes y las mitologías de la intangibilidad de los reconocidos; no es para regocijarse en enemistades contra el enemigo sino para elevar la disensión, para convertir el disentir en saber, en conocimiento más allá del lugar común. En cierto modo es un libro hecho de escritura para acompañar, para completar, para densificar aquello que sería “la otra cara de la Luna”, quiero decir: lo que está oculto, lo que apenas destella en el texto del otro.

Quiero decir que el autor, valiéndose del oficio que espléndidamente llevó adelante en El taller de al lado (2005), el de traductor, se permite ahora abordar “traducciones” de mayor riesgo, mucho más cruciales: las de invertir, negar, prolongar, quebrantar el otro texto a partir de las posibilidades inherentes al suyo.

En consecuencia, si aceptamos que “sin traducción no habría literatura”, sin estas “traducciones” de Cadenas, con las cuales no quiere verter la escritura de un idioma a otro, sino desnudarla en su contraparte probable o posible, antagónica o complementaria, la afirmación podría ser esta otra: sin traducción capaz de desabrigar un texto no habría creación ni en la literatura ni en la conciencia. Es decir, la libertad en la escritura, en la palabra, dejaría de existir o, al menos, de tener valor de uso.

Es en este punto donde Contestaciones revive el sentido esencial de toda la poesía, de toda la obra, de Cadenas: la presencia de una conciencia moral, responsable, no que se asoma al interior personal o social, sino que vive en ellos, que es de ellos, indivisible e inseparable de ellos.

Desde esa visual, el de la escritura tramada en la conciencia moral, no en la moralista, no puede extrañar que la escritura de este libro y sus contenidos tan plurales, diversos; que asuman el lenguaje en su ingrimitud, despojado, pulcro, expuesto, casi a la intemperie. Y es ese despojamiento, o despejamiento, desde la conciencia alerta, el que nos permite tener en las manos un libro de palabra crítica y lúcida; polémica, irónica, insobornable y hasta humorística; que recorre la filosofía, la psicología, la política, la cultura, la historia, sin convencionalismos ni convenciones, innovando no por hacerlo sino porque en los tiempos de confusión solo las vías nuevas y alternas pueden sacarnos del tremedal.

Por fortuna, siendo escritura de Cadenas, no es posible un resultado distinto al de Contestaciones: no se levanta a la manera de catecismo edificante sino como el desafío que enfrenta (que debe enfrentar) cualquier ciudadano, que es el de “desobedecer, por si acaso se puede” (consigna que puso a circular en los ochenta el maestro García Calvo, y explicaba que no es seguro que podemos desobedecer, pero hay que intentarlo sean cuales fueren los impedimentos).

Subrayemos el sentido de ese enunciado: la realidad está allí para descubrir todas sus posibilidades e ir creando con ellas toda la fuerza de la humanización posible (dicho a la manera de Teilhard de Chardin), que no nace, sino que se va conquistando a lo largo de la vida, liberándonos de toda tentación supresora de la alteridad de cada uno. En desafío crucial, en definitiva, es el de hacernos nuestra propia creación desde la persona intransferible que somos y tenazmente en relación solidaria con los prójimos.

Llegados a esta redoma, podemos entender que Contestaciones es un libro para la intimidad, más para ser leído en soledad que para ser escuchado en multitud; escritura, en síntesis, que comienza por ser a dos manos (el contestado y la contestación) y que debe culminar reconstruido a tres, a cuatro, a cinco manos, a tantas como sea posible, para que sea lo que se propone, un libro personal, personalísimo, y también comunitario, polaridades esenciales de toda escritura moral y estéticamente legítima).

En su portafolio aparece Eros (Amy Lowell dice: Ya casi no te pruebo porque / sé tu sabor, y la contestación de Cadenas es: Seamos ignorantes.); también la política (Deng Xiaoping dice: Ser rico es glorioso, y esta es la contestación: Tal vez, pero los chinos de antaño / también querían ser sabios.); e igualmente una filosofía casi teologal (Pessoa dice: Asombrarse de ser / es de veras vivir, y contesta el poeta: Sí, pero este es un paso más allá / de vivir.); y hasta la psicología profunda (Elmer Diktonius dice: Yo soy un instrumento / en el que la vida toca / con sus grandes / manos, y contesta Cadenas: Antes se tiene que soltar al yo / para no desafinar.)

Así prosigue su camino interminable, pues el libro no termina en sus páginas: puede vivir y revivir día a día en la conciencia del lector, siempre que este se abra a su palabra y le permita (se permita) ser algo más que un libro, que lo es, que sea, repitámoslo, conciencia moral, civil, laica, completamente práctica, viva, humana y activa. No es fácil vivir de verdad (Caj Westerberg). Y Cadenas completa y extiende: No todos lo hacen, lo usual / es desperdiciar ese honor. La conciencia explícita y desafiante de Contestaciones viene a evidenciarnos que vivir es solo una posibilidad, un proyecto del que cada quien se encarga de su modelación final y, en paralelo, debe impedir que de ello se encargue otro.

En esta visión, el libro de Cadenas no pretende enseñar, sino más bien mostrar el arduo arte de aprender, de ser aprendiz, de no dejar de serlo nunca, puesto que la realidad, la de aquí y ahora, también aquella de las trascendencias, están allí para ser abordadas, para ser cuestionadas, para negarse en ellas y con ellas a la idolatría y a las mordazas.

En suma, el vivir, en estas Contestaciones, leídas en ellas y más allá de ellas mismas, consiste en no dimitir jamás de la propia conciencia, en desacatar cualquier intromisión en nuestro espíritu y vocación.

Por tanto, no es Contestaciones, a pesar del aparente minimalismo descarnado y desencarnado de su escritura, una textualidad de género menor sino de escritura espiritual e intelectualmente mayor, realizada para los combates contra la indolencia y la apatía. Y así como Rafael Cadenas dijo en la Escuela de Letras que la función de esta era la de “ganar corazones para la literatura”, el corazón de este libro es el de ganar gentes para la libertad, para la propia y para la comunitaria. Y no permitir que nadie nos la arrebate nunca.

Fuente El Nacional

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Originally posted 2016-12-19 14:46:55.