Las calles de esta población reciben a las visitas con alternativas diversas que se mantienen tenaces. Allí hay un mapa de lugares emblemáticos, emprendedores, sitios nuevos y otros que perduran. Todos insisten en ofrecer opciones para quienes pasean por el pueblo, especialmente los fines de semana.
En la calle 2 de Mayo de El Hatillo, cinco familias en casas contiguas se encargan de preservar una tradición cocinada por décadas. En agosto de cada año comienzan a ofrecer la masa de maíz pilado para la antesala de las hallacas, que en estos predios suele comenzar temprano. En la casa Mamá Juana, una serena imagen de la virgen María Auxiliadora recibía a las visitas hasta el pasado 24 de mayo. También un retrato de Socorro, madre de 10 hijos, que hace más de cuatro décadas comenzó a ofrecer la masa para arepas y hallacas. «Mi mamá lo hizo durante 30 años. Hace 10, cuando ella murió, comenzamos a prepararlas sus hijos», cuenta Ignacio Coronado. Ellos la ofrecen por encargo todos los meses del año y cuando las circunstancias lo permiten. «Ahora en los pilones hay poco maíz. Lo buscamos pilado, ya sin concha, lo hervimos en latas grandes. Lo dejamos reposar en la noche y lo molemos en la mañana». También lo transforman en masa para las hallacas en una dinámica que suele tomar visos frenéticos en diciembre. «Podemos hacer de 10 a 400 kilos de masa», afirma Coronado, sin que esas cifras lo asombren.
En las estrechas calles de este pueblo las visitas saben que consiguen propuestas que invitan a sabores diversos. Algunos son lugares emblemáticos, otros de estreno. Unos pasan, otros felizmente son perdurables. En enero de 2006, hace más de 10 años, Felicia Santana y su esposo estrenaron un espacio que sus fieles agradecen. En Hajillo’s elaboraron una oferta de sabores venezolanos con platos como el queso de bola relleno o el arroz con mango, en una carta que se mantiene incólume. A la camada se incorporó un nuevo socio, mientras Santana sigue en la dirección de la cocina. «Creo que lo que más agradecen los comensales es poder evocar sabores. Aquí se sienten como en casa», dice ella. Desde hace un tiempo también proponen desayunos los domingos en los que ponen las mesas con chicharronada, pisca andina y arepitas de maíz pilado, incluida la Reina pepiada.
Camino del maíz. Fuera del pueblo de El Hatillo, en La Unión, los hermanos María Inés y Manuel Rodríguez Leca crearon hace 14 años un lugar que para muchos es el destino de desayuno los domingos. En Cachapas Doña Inés, si bien trabajan todos los días y siempre tienen visitas, el fin de semana el apetito de sus seguidores es manifiesto. Allí sirven cachapas generosas, rellenas con queso que traen desde Zaraza, pernil que les llega de Maracay y acompañadas de jugos con frutas de La Grita. Ella, diseñadora de formación y su hermano comerciante, apostaron por este lugar luego de quedarse ambos sin empleo. Y esos esmeros han dado resultados. Los 40 puestos se suelen llenar los domingos con el deseo de quienes consiguen allí el sabor de las cachapas que buscan. «No hemos cambiado la calidad. La gente consigue el mismo sabor. Hay quienes se han ido del país y cuando regresan dicen que les saben igual. Las cachapas solo llevan maíz, azúcar y sal. El maíz no puede estar ni muy duro ni muy tierno. Y se muele el mismo día que se hacen las cachapas», dice esta descendiente de una familia portuguesa que tuvo allí una frutería.
Calles más arriba, en La Unión, Tomás Raúl León y su esposa Eurídice se afanan en un emprendimiento de embutidos que lleva con orgullo el bautismo de su lugar de origen: Los chorizos artesanales hatillanos. Hace dos años, estos fanáticos del jamón planchado desde que el abuelo de Eurídice lo preparara en casa, se consiguieron con el embrollo de tener que hacer cola para comprarlo. Tomás se preguntó por qué no hacerlo él mismo. Y luego de lograrlo, decidió elaborar chorizos artesanales. Comenzó con cinco kilos. Dos años después, tras cursos de técnicas y emprendimiento y de invertir en la cadena de frío, se enorgullecen de hacer tres tipos –uno blanco, otro rojo y chistorras- con pernil de cochino. Ya los tienen en tres restaurantes de El Hatillo, hacen 50 kilos a la semana y tienen fieles que buscan los productos en su casa. «Muchos los han probado y se convierten en clientes porque les caen bien. No tienen preservativos y les gustan más que algunas marcas comerciales», se precia León, mientras sigue pensando cómo crecer.
Sendero del trigo y el queso
En este país débil por la pasta, siempre se agradece y más en estos tiempos. En la calle Sucre de El Hatillo, aguardan tres lugares que tienen el producto como protagonista. En el patio interno de una casa está la propuesta italiana, cercana y casera, de Trattoria al Tata. Metros más abajo, se ofrece pasta artesanal para llevar. Y muy cerca, en un pasillo sin nombre, se llega a una pequeña sala y su cocina, con tres mesas comunitarias y 16 puestos, donde el cocinero venezolano Tony Maldonado tiene desde hace tres años un pequeño comedor al que bautizó Il duomo dei sapori. Allí pone en práctica parte de lo aprendido en los viajes que procura hacer cada año a distintos restaurantes de Italia donde ha hecho pasantías. Con lo que compra en el mercado de Chacao y los ingredientes que trae de afuera elaboró una carta italiana en la que incluye pastas hechas por ellos. «Esto es para gente que le gusta comer bien y que sabe que eso cuesta». Comer el Il duomo amerita reserva previa y cierta solvencia.
Muy cerca, casi enfrente, está la reciente propuesta de Elvis Montero y su socio Oscar Mendoza, el primero consultor, el segundo a cargo en una finca en Clarines. Desde diciembre de 2015 unieron empeños en un lugar que bautizaron De la finca a tu mesa, donde ofrecen los quesos frescos de la finca de Mendoza. A eso le sumaron las tortas y otros productos de artesanos vecinos con los que ingenian alianzas. Son parte de la geografía de sabores ofrecida por quienes trabajan en alternativas para los visitantes de El Hatillo.
Fuente Todo En Domingo / El Nacional Web
Originally posted 2016-05-30 23:22:49.